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lunes, 1 de junio de 2009

FARMOR



Farmor significa abuela en sueco. (Far:padre, Mor: madre, o sea madre del padre. La madre de la madre es mormor, el padre del padre farfar, etc.)

Farmor es la abuela paterna de mis hijas.

Hoy emprende el viaje de regreso a Suecia, camino de una residencia de ancianos en la que pasará sus últimos ¿meses/años? de vida.

Su traslado es la culminación de largas tribulaciones familiares.

Cuando se instaló en la costa española hace unos 25 años, al quedarse viuda, era una mujer sana, de complexión fuerte y mucho carácter. En España vivía su único hijo (mi ex) y sus nietas.

Era y es independiente y mandona, así que nunca se planteó que viniera a vivir a Madrid. Tenía su casa en la costa y allí, en compañía de noruegos, ingleses, suecos y alguna que otra viuda española, se dedicó a disfrutar de la "etapa dorada" de su vida.

Los lunes jugaba al bingo, los martes a la petanca, los miércoles iba al cine, los jueves baile con orquesta, grandes comilonas, cumpleaños, clases de español, más baile, etc. Y mucha playa, bicicleta y sol. (la foto es de hace 15 años, cuando tenía 77 años). Estaba como una rosa.

Puentes y vacaciones iban las nietas a verla o nos la traíamos a Madrid. Ya hace años y mucho antes de separarme, hablábamos cada tanto de qué haríamos el día que no pudiera arreglárselas sola. Nunca hicimos nada al respecto.

Hace un año Farmor, que seguía viviendo sola a sus 92 años(iba una señora a diario a hacer la limpieza y para asegurarse de que estuviera bien), sufrió un accidente casero que la dejó prácticamente ciega. Mi ex la trajo entonces a Madrid, donde su deterioro físico y las circunstancias vitales de toda la familia hicieron que fuese prácticamente imposible tenerla bien atendida.

Ingresó en una residencia donde no estaba contenta y donde según mis hijas, no se ocupaban bien de ella.

Ha olvidado ya el poco español que había aprendido y el inglés que sabía. Habla únicamente en sueco y en la residencia, está claro, no podía hacerse entender y se quejaba de que nadie le hacía ni caso.

A través del Consulado Sueco, se solicitó una plaza en una residencia de Estocolmo. Hoy, con 93 años, emprende el vuelo de regreso a su tierra donde estará en la misma residencia en la que está su hermana y donde esperamos que al menos la reconforte el oir y poder hablar en su idioma.

Está relativamente lúcida y sabía que hoy volaba a Estocolmo. Lo que no sé si sabía es que era un viaje sólo de ida.

Granny, la abuela materna, es decir mi madre, también vive sola. Es más frágil, pero está muy lúcida y activa. Tiene 85 años. Pero esta es otra realidad a la que no quiero hacer frente. Todavía.

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