miércoles, 7 de noviembre de 2007

Un mundo sostenible

A pesar de parecerme importante la labor de Al Gore como portavoz de los científicos que intentan concientizarnos acerca del cambio climático, he de reconocer que su campaña tiene un tufillo que me produce cierto rechazo.

Intentando analizar el por qué, y dejando a un lado consideraciones como las de cobrar por hablar, tener el monopolio y copyright de gráficos, estadísticas, etc, vivir en una casa que consume más electricidad que toda una ciudad pequeña, he llegado a la conclusión de que es el lenguaje que utiliza lo que me inquieta. Los "apóstoles" que elige en cada país para difundir "la palabra", el "apocalipsis" al que estamos abocados. En la larga lista de recomendaciones que hace está, como no, el "orar si somos creyentes". Tiene todos los ingredientes de una nueva religión, empezando por el de la culpa. Nuestro planeta está en una situación desesperada debido al despilfarro de recursos por parte de gobiernos desaprensivos, pero también porque nosotros, cada uno a su manera, despilfarramos. Olvidamos apagar las luces al salir de una habitación, dejamos correr el agua de la ducha hasta que se calienta, y así hasta el infinito.

¿Por qué para concientizarnos hay que apelar al sentimiento de culpa? Supongo que es porque funciona, y basta con hacer un repaso de las religiones para constatarlo.
Me parece mucho más realista y efectiva esta profecía hindú:

"Sólo después de que el último árbol sea cortado, sólo después de
que el último río sea contaminado, sólo después de que se
pesque el último pez, sólo entonces descubrirás que el dinero no se puede comer"

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